Reflexiones de un coach sobre algo nuevo y algo que creíamos dominar

coaching covid 19

Debido a la situación de confinamiento que estamos viviendo por la pandemia del Covid-19, en las últimas semanas todos nos hemos encontrado varios escenarios, predicciones y valoraciones sobre qué nos depara la “Nueva Normalidad” laboral. 


Muchos ya teníamos práctica en esto del trabajo remoto, otros no tanto y los había que nunca se imaginaron que se verían en una situación ni tan siquiera parecida a esta ya que sus trabajos nunca pasarían por enfrentarse a la tecnología de esta manera. Pero todos nos hemos tenido que ir adaptando a esta situación inesperada.

En momentos de emergencia las cosas se relativizan, lo urgente cobra otro matiz y la importancia de las tareas se relaciona directamente con los criterios esenciales del negocio.

Así hemos ido adaptándonos. Tomando decisiones más o menos trascendentales, acertadas o quizá menos.  Aquellas que han sido brillantes han sido objeto de alabanzas y hasta noticia en función de su trascendencia. Pero la gran mayoría de nosotros nos hemos adaptado. Como buenamente hemos podido, como nos ha parecido, sin pautas claras a seguir y como dice el refranero castellano, con estos mimbres no se puede hacer más que este cesto.

teletrabajo
Fuente: Facebook

Así estamos sacando el trabajo, teletrabajando. ¿Bien o mal? Sin referencias es difícil contestar a esta pregunta.  Lo sacamos.  Lo mejor que sabemos, con más cariño que capacidad y todos en esta situación hemos tenido que perdonar cosas que en otros momentos no habríamos considerado aptas, dignas de un servicio de pago… pero ahora lo hacemos.

En un alarde de empatía perdonamos el reparto que llega tarde, o la atención (no) recibida de un servicio de administración debido a la falta de rodaje. 

Antes del estado de alarma, el teletrabajo era una opción para algunos, los afortunados que podían “no ir a la oficina”, lo que te brindaba la oportunidad de conciliar tu vida profesional y tu vida personal. Algunos aprovechaban este tiempo extra que se liberaba para cuidarse, desconectar o dedicarlo a la familia. Esta situación “idealizada” se ha diluido en otra realidad condicionada por multitud de tareas en el hogar, hijos que requieren ayuda con los deberes y ordenadores y demás dispositivos que no tienen tan dominados como la última red social donde subir videos de coreografías imposibles al ritmo de canciones cuanto menos cuestionables… Eso no es lo mismo que la plataforma donde la profesora les pregunta si han enviado el trabajo a doble espacio con Verdana 12.  ¡Pero es que ese no es el multitasking al que estábamos acostumbrados!

Terminamos haciendo más horas, entre dos y tres más de media según algunos informes, para ser menos productivos y terminar física y emocionalmente agotados.  ¿Será este el caldo de cultivo para una variante del estrés post-traumático? A todo esto, hay que sumarle la incertidumbre en los mercados, el panorama laboral por no hablar de la idoneidad de las medidas que se van adoptando. 

Ahora la tecnología nos brinda un gran abanico de posibilidades para tele-trabajar. Reuniones, documentos compartidos, herramientas de colaboración, tableros digitales, aparte de los archiconocidos emails, Whatsapps y videollamadas tan recurridas estos días de confinamiento. 

Es cierto que todo este panorama puede y de hecho resulta desalentador, visto así. También es cierto que hay otro enfoque.

En la vida siempre hay, por lo menos, dos enfoques posibles a una misma situación. 

Existe ese otro modo de enfrentar la realidad. Esa perspectiva del vaso medio lleno que no hace la situación más liviana o menos dramática pero lo que sí que hace es dar esperanza, ánimo y energía renovada. Un kilo será siempre un kilo. Pero cuando entendemos que es un lastre que debemos llevar sí o sí y dejamos de lado la visión victimista, podemos aprovechar el momento que vivimos para hacernos más fuertes, pensar en que lo estamos haciendo mejor que ayer, que estamos aprendiendo nuevas habilidades. Y si decidimos mirar hacia adelante, la mochila sigue pesando lo mismo, pero las energías se multiplican, no milagrosamente, sino “selectivamente”. 

Lo que hemos de hacer es tomar la decisión de ser positivos, de que vamos a salir adelante y de hacer del tirar para adelante, una actitud vital, una decisión.

Esta situación es nueva para todo el mundo. En los últimos siglos ningún país, ninguna sociedad se había enfrentado a nada ni tan siquiera parecido. Hemos pasado por todas las fases del duelo (Sorpresa, Ira, Negación, Aceptación y puede que no en ese orden) y lo hemos pasado mejor o peor. Hemos pasado miedo, hemos reído y apreciado los pequeños detalles y nos ha dado por llorar, hay que aprender a amar nuestras pequeñas debilidades también.

Por último, el término “Nueva Normalidad” o “New Normal” ¿anticipa, genera o decreta lo que va a terminar pasando? Nos referimos a la realidad que construimos cada vez que acuñamos un término tan peligroso como este.  Esta “Nueva Normalidad”, ¿qué implica? ¿Implica que no vamos a poder volver a reunirnos un número determinado de personas? Implica ¿guardar la distancia social sine díe”? Tan solo queremos dirigir la atención sobre el efecto Pigmalión que todos tenemos en el habla colectiva y en el sentir de una sociedad a la que pertenecemos y construimos, así, poco a poco. 

Solo podremos cambiar algo en nuestra vida, en nuestra realidad cuando asumamos la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos sobre ésta. Nuestro lenguaje, las palabras que usamos, crea realidades. Pero son las acciones, lo que la persona hace, lo que marca la diferencia no solo en una actividad, sino en su vida y en la vida de otras personas a su alrededor.